Miles de estudiantes bolivianos regresan a las aulas para iniciar la gestión escolar 2026, pero
el panorama es desolador: numerosas escuelas públicas presentan deterioros estructurales
graves, desde goteras y instalaciones eléctricas deficientes hasta unidades educativas
destruidas por lodo e inundaciones, especialmente en zonas rurales y urbanas como Santa
Cruz, Cochabamba y La Paz.
Se han registrado al menos 146 denuncias solo en La Paz y El Alto por problemas de
infraestructura, destacando filtraciones de agua, techos colapsados y falta de mantenimiento
básico, lo que pone en riesgo la seguridad de niños y adolescentes.
A pesar de esfuerzos municipales como el avance del 93% en refacciones en La Paz o el 80%
en Cochabamba, estas intervenciones de última hora no resuelven un problema crónico que
se repite año tras año.
Este deterioro no es casualidad, sino el resultado de una educación pública sobrecargada,
donde el sistema atiende a millones de estudiantes y una infraestructura que no crece al ritmo
de la demanda poblacional. Bolivia invierte alrededor del 8% de su PIB en educación, pero
estos fondos no se traducen en mejoras reales, dejando a miles de niños excluidos o en
condiciones precarias.
La raíz del problema radica en la insuficiencia presupuestaria: los ingresos generados por la
inversión privada y las exportaciones –pilares de la economía boliviana– apenas cubren las
necesidades básicas, mucho menos las inversiones en mantenimiento y expansión educativa.
El Presupuesto General del Estado (PGE) 2026, heredado de la administración anterior,
proyecta una inversión pública de solo Bs 23.666 millones, un recorte de Bs 4.000 millones
respecto a 2025, priorizando ajustes fiscales que reducen el gasto en un 30% para equilibrar
cuentas, pero dejando ramas clave de la educación pública desfinanciadas.
No existe un aumento real en fondos provenientes de exportaciones como el litio o el gas, el
sector educativo sigue estrangulado, incapaz de cubrir desde salarios son embargo el sector
sigue pidiendo ítems estatales y tampoco se reparaciones estructurales.
A Esto se suman leyes deficientes que perpetúan ineficiencias. La Ley de Educación 070
“Avelino Siñani-Elizardo Pérez”, implementada durante gobiernos izquierdistas anteriores,
enfatiza un modelo sociocomunitario productivo buscando más un enfoque progresista de
inclusividad que ha fallado en práctica al no priorizar la meritocracia ni la inversión eficiente, no
permitiendo que la educación sea más accesible por los medios privados, estás medidas solo
han generado burocracia y corrupción que diluyen los recursos.
Está visión de izquierda, arraigada en ideales anticapitalistas y anti-mercado, ha
desincentivado la participación privada en la educación, limitando alianzas público-privadas
que podrían inyectar capital fresco y tecnología moderna. En lugar de fomentar competencia y
excelencia, el sistema ha promovido un igualitarismo rígido que ignora realidades económicas,
resultando en aulas hacinadas, materiales obsoletos y una exclusión educativa que afecta
especialmente a poblaciones vulnerables, como aquellas con discapacidades, donde el
acceso a servicios especializados es mínimo.
Los movimientos libertarios argumentan que esta perspectiva ideológica ha convertido la
educación en un instrumento político más que en una herramienta de movilidad social,
perpetuando ciclos de pobreza al no alinear el currículo con demandas del mercado laboral ni
con inversiones productivas. En resumen, mientras el gobierno de Rodrigo Paz inaugura el
año escolar con medidas como la prohibición de celulares y énfasis en lectoescritura, el
verdadero desafío radica en reformar un sistema heredado de visiones izquierdistas obsoletas
que priorizan la retórica sobre la eficiencia. Sin una inyección real de recursos de la inversión
privada y exportaciones, y sin leyes que promuevan partnerships innovadores, el deterioro de
las escuelas públicas continuará perjudicando a generaciones enteras de bolivianos. Es hora
de un enfoque pragmático que ponga la educación al servicio del progreso, no de ideologías
fallidas.
