Rodrigo Paz se reúne con Lula Da Silva en el Palacio presidencial de Brasil
En un nuevo capítulo de la polarización boliviana, el expresidente Evo Morales arremetió contra su sucesor Rodrigo Paz en un mensaje dirigido al mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Morales calificó a Paz como “derechista” y que los derechistas hicieron un golpe de estado, en referencia a Luis Fernando Camacho, sugiriendo una supuesta alianza conservadora sometida a Donald Trump y hostil hacia la izquierda regional.
Sin embargo, la etiqueta de “derechista” aplicada por Morales resulta cuestionable. Rodrigo Paz, quien asumió la presidencia en noviembre de 2025 tras ganar las elecciones con un discurso de “gran centro” conciliador, proviene de una línea progresista moderada, a menudo etiquetada como “izquierda caviar”: pragmática, que apoya el libre mercado, pero aparada en un control estatal muy fuerte, atracción de inversiones extranjeras, pero con trancas en el legislativo. Su gobierno ha prometido superar la crisis económica heredada sin caer en populismos ni en radicalismos de derecha dura, priorizando estabilidad y unidad nacional por encima de confrontaciones ideológicas, algo que en la práctica no funciona por esa ambivalencia.
Mientras tanto, los sectores verdaderamente de derecha —aquellos alineados con políticos como Oscar Arce o analistas de línea libertaria o conservadora (derecha) — han expresado en repetidas ocasiones que es mejor que Paz se reúna abiertamente con Jair Bolsonaro o fortalezca vínculos con el trumpismo. Esa expectativa choca con la postura centrista del actual mandatario, quien ha mantenido una relación cordial con Lula y enfatizado la prioridad de la integración regional sin alineamientos excluyentes.
El comentario de Morales revela más sobre la frustración del evismo —que ve en Paz el fin de dos décadas de hegemonía izquierdista— que sobre la realidad política del presidente. Al etiquetarlo como derechista, Morales intenta deslegitimar un gobierno que, en los hechos, representa una izquierda moderada y progresista (izquierda suave), mientras los auténticos conservadores aguardan un giro más radical que hasta ahora no se ha materializado.
