Rodrigo Paz y el presidente del BID Ilan Goldfajn
La llegada de Ilan Goldfajn, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a Bolivia el 13 de enero de 2026. Fue la primera visita oficial de un titular del BID en más de quince años, y se produjo en medio de una coyuntura económica delicada para el país. Durante su estadía, Goldfajn se reunió con el presidente Rodrigo Paz, empresarios, productores y autoridades locales, con el objetivo de reactivar la relación bilateral y anunciar un nuevo paquete de cooperación financiera.
El BID comprometió una línea de crédito de 4.500 millones de dólares para el periodo 2026–2028, destinada a proyectos de infraestructura, energía, desarrollo productivo y modernización institucional. El gobierno boliviano celebró el anuncio como una señal de confianza internacional, destacando que semanas antes también se había cerrado un acuerdo con la Corporación Andina de Fomento (CAF) por más de 7.000 millones de dólares. Sin embargo, este entusiasmo oficial contrasta con las preocupaciones que genera el creciente endeudamiento externo del país.
Bolivia enfrenta una acumulación acelerada de deuda pública, que ya supera los 13.000 millones de dólares. El BID es el principal acreedor multilateral, con más de 4.000 millones de dólares en préstamos activos. Le siguen el Banco Mundial, con aproximadamente 2.800 millones, y la CAF, con más de 2.500 millones. Además, el país mantiene compromisos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Eximbank de China y otros organismos bilaterales. Esta concentración de deuda en entidades multilaterales refleja una estrategia de financiamiento que, si bien permite sostener la inversión pública, también plantea riesgos de sostenibilidad fiscal.
La deuda podría incrementrse en un alto porcentaje del PIB lo que ocasionaría un posible déficit fiscal. A medida que se acumulan los compromisos, los pagos de intereses y amortizaciones desplazan recursos que suamdos a la gran carga fiscal terminará afectando una vez mas la salud fiscal. En este contexto, la visita del presidente del BID no solo representa una oportunidad de cooperación, sino también una señal de alerta sobre el modelo económico vigente.
La nueva deuda implica compromisos que se extenderán por décadas. Si bien el financiamiento prtende cubrir gastos que Bolivia no puede cubrir debido a que no hay un movimiento productivo empresarial que genere el flujo de caja al estado para poder cubrir estas obligaciones, el endeudamiento podría convertirse en una carga insostenible. El desafío para Bolivia será equilibrar la necesidad de inversión con una gestión responsable de sus obligaciones externas, evitando que el crédito se transforme en dependencia.
La presencia de Goldfajn en Bolivia refuerza el respaldo internacional, pero también pone sobre la mesa la urgencia de discutir un modelo económico que no se sostenga exclusivamente en préstamos. En tiempos de incertidumbre global, la disciplina fiscal y la transparencia en el uso de los recursos serán claves para evitar que el país repita ciclos de endeudamiento que ya han demostrado sus límites.