Rodrigo Paz y José Lupo
Las recientes disposiciones anunciadas por Rodrigo Paz han sido presentadas como respuestas urgentes frente a la crisis económica que atraviesa el país. Sin embargo, más allá de la retórica oficial, lo cierto es que estas medidas no logran resolver el problema en el corto plazo. Se trata de paliativos que buscan contener la presión social y política, pero que no modifican las causas estructurales de la fragilidad fiscal.
Los programas de apoyo sectorial y los ajustes administrativos generan la impresión de acción inmediata, pero su impacto real es limitado. No reducen el déficit fiscal ni corrigen la tendencia de gasto excesivo que caracteriza al aparato estatal. Son soluciones temporales que, en el mejor de los casos, ofrecen un respiro momentáneo, pero no cambian la trayectoria de fondo.
La crítica más recurrente hacia la gestión de Paz es que ha evitado enfrentar lo esencial: la reducción del gasto público. El Estado mantiene una estructura sobredimensionada, con una burocracia costosa y programas que no siempre responden a necesidades prioritarias. Mientras no se racionalice el gasto, cualquier medida coyuntural será insuficiente para estabilizar las cuentas nacionales. La sostenibilidad fiscal depende de decisiones valientes que, hasta ahora, no se han tomado.
La ciudadanía necesita reformas estructurales, no parches. Reducir el gasto público es una tarea compleja y políticamente difícil, pero indispensable para recuperar la confianza y garantizar estabilidad. Al optar por medidas superficiales, Rodrigo Paz ha dejado de lado la oportunidad de liderar un cambio profundo. El tiempo corre y cada día que se posterga la reforma fiscal, el costo social y económico se incrementa.
En conclusión, las medidas actuales pueden dar la impresión de movimiento, pero no representan una solución real. Mientras el gasto público siga intacto, cualquier intento de estabilización será apenas un paliativo, incapaz de transformar el futuro económico del país.