Desarrollo de habilidades en la infancia
Los niños sonríen incluso dentro del vientre de su madre. La primera respuesta de satisfacción de los bebés es la sonrisa. Un bebé bien alimentado y cuidado exterioriza emociones agradables. La felicidad que nace del bienestar físico es su única fuente de placer.
Jugar con el bebé, unir sus manos para hacer palmas o la sola imagen de un rostro que aparece y lo ve produce una satisfacción inmediata en su rostro. La sonrisa de su mamá le hace sonreír.
Cada aprendizaje le permite ampliar sus emociones y descubre nuevos placeres al gatear, caminar o correr. Su desarrollo depende de emociones positivas como la alegría. El ambiente y las personas que participan en él estimulan una adaptación adecuada.
El niño adquiere confianza en la medida que prueba sus habilidades y recibe elogios al alcanzar éxito en sus objetivos. Su capacidad también se vincula a la persona que causa en él satisfacción.
La estimulación ocurre al realizar una tarea y descubrir que ha desarrollado una nueva capacidad. Sin embargo, la sobre estimulación o la estimulación temprana puede generar inseguridad al forzar el desarrollo de tareas por encima de su capacidad. El fracaso y la frustración del entorno coartarán su alegría
El afecto y la alegría
En los primeros meses de vida, la presencia de la madre satisface de todas sus necesidades y su ausencia provoca un llanto desconsolado. A pesar de normalizarse y normativizarse el Derecho al Cuidado y la corresponsabilidad familiar y social, todavía se discute las habilidades femeninas en relación al cuidado de sus propios hijos.
El vínculo entre ellos depende de la compañía diaria y abnegada que le ofrece al cubrir sus necesidades básicas y permanecer a su lado en el desarrollo cada una de sus habilidades y capacidades. La presencia de la madre también asegura la memoria de los patrones de personalidad que se expresan de forma natural antes de confundirse con los patrones de la sociedad.
El valor de la maternidad en la sociedad logra apoyar al niño en el desarrollo del afecto que inicialmente no diferencia objetos animados o inanimados. En esta fase se define la forma de expresar amor hacia sí mismos y hacia otros.
Los niños que sufren abandono de su madre responden de forma negativa y concentran todo el afecto hacia sí mismos. También, las demostraciones exageradas de afecto no le permiten demostrar su amor hacia los demás, sintiendo que solo ellos son merecedores de amor.
Cuándo van creciendo buscan reconocimiento de niños o adultos que no pertenecen al hogar. En la escuela, el afecto se transforma y son capaces de controlar sus manifestaciones emocionales.
La capacidad de brindar afecto les permite establecer lazos afectivos con otras personas y ser retribuidos. Al recibir más amor se sienten menos ansiosos y más independientes. El equilibrio emocional del niño depende de la oportunidad de crecer en ambientes que les permitan experimentar alegría y afecto.
