Por:María Rosa Condori Medina
Pueden darse dos respuestas, la primera que tiene un origen divino, y la segunda, que es de origen material. Al elegirse la segunda, Dios “sale de la ecuación”, por tanto, la vida es una organización celular sobre la que los seres humanos pueden actuar, disponer, modelar e interrumpir. Sin consecuencias ni límites morales.
Pero si se toma la primera respuesta, entonces surge una responsabilidad moral, en el sentido de preservar aquel legado que nos ha sido dado. Y que cobra sentido con la familia, institución fundante de la sociedad. Que ha sufrido un proceso de modificación debida a políticas y el cambio en las costumbres con el resultado de su gradual disolución (incrementos de divorcios y de hogares monoparentales), lo que a su vez repercute en la pérdida de valores humanos y una serie de complicaciones descritas a continuación.
Las cifras dadas a conocer por el SERECI (Servicio de Registro Cívico) dan cuenta que sólo entre septiembre de 2024 a septiembre de 2025, en Boliviase registraron 9.000 divorcios, menos de la mitad del 2018 donde se alcanzó 21713. Siendo las ciudades con mayor número respectivamente: La Paz, Santa Cruz y Cochabamba.
Esta situación, a su vez, implica efectos negativos para la sociedad boliviana, en varios niveles como la desvalorización de roles paternales con el resultado de desestabilizar el papel de liderazgo en el matrimonio y la familia, privando de modelos masculinos positivos para los niños.
Lo anterior, contribuye a la generación de problemas de autoestima en varones jóvenes y un aumento en la paternidad ausente, ambos son causa de dificultades para adaptarse a la realidad, el miedo al abandono, problemas académicos, poca inteligencia emocional, y comportamiento agresivo.
De manera más específica, la ausencia del padre en la infancia de personas con trastorno mental origina sentimientos y cogniciones de depresión, estigmatización, soledad y desprotección. Lo cual sin duda conlleva repercusiones sociales.
En un escenario más global, en algunos países en los que se incentivó el trabajo a tiempo completo fuera de casa, se producen graves efectos negativos en la psicología infantil. Estos incluyen cambios en el comportamiento, un vínculo afectivo menos seguro con sus padres y una mayor posibilidad de sufrir ansiedad, depresión y problemas emocionales a largo plazo. Esta dinámica, que considera la independencia económica de las mujeres como un deber moral y la maternidad a tiempo completo como una carga, socava los valores familiares tradicionales y promueve el traspaso de la crianza a entidades ajenas, lo cual reduce la presencia diaria de las madres y la identidad masculina en el hogar.