La campaña municipal ha puesto en evidencia una preocupante realidad: los candidatos a la alcaldía parecen incapaces de formular propuestas que realmente mejoren la urbanidad de las ciudades. En lugar de presentar planes concretos para resolver problemas cotidianos como el transporte, el ordenamiento territorial, la gestión de residuos o el acceso a servicios básicos, la mayoría ha optado por discursos que desvían la atención hacia áreas que no corresponden a las funciones de un gobierno municipal.
En sus programas abundan iniciativas para crear nuevas organizaciones y dependencias, lo que inevitablemente implica más gasto público. Estas estructuras adicionales no responden a las necesidades inmediatas de los ciudadanos, sino que engrosan la burocracia y aumentan la presión sobre presupuestos ya limitados. La alcaldía, que debería ser un espacio de gestión eficiente y cercana a la población, corre el riesgo de convertirse en un aparato pesado y costoso, alejado de su misión principal.
Resulta llamativo que muchos candidatos insistan en abordar temas como cultura, finanzas globales o políticas macroeconómicas, áreas que, aunque importantes, no forman parte de las competencias municipales. Una alcaldía no está diseñada para dictar lineamientos macroeconómicos ni para sostener proyectos culturales de gran escala sin planificación. Su rol es más concreto: garantizar que la ciudad funcione, que las calles estén en buen estado, que el transporte sea ordenado, que los servicios básicos lleguen a todos y que el espacio urbano sea habitable.
La ausencia de propuestas serias en materia de urbanidad refleja una desconexión con la realidad de los ciudadanos. La población demanda soluciones prácticas: movilidad eficiente, seguridad en los barrios, espacios públicos bien cuidados y un manejo responsable de los recursos. Sin embargo, los discursos de campaña parecen más orientados a la retórica política que a la gestión municipal.
En definitiva, la incapacidad de los candidatos para enfocarse en lo esencial pone en riesgo el futuro de las ciudades. Mientras se insista en crear más burocracia y en asumir funciones que no corresponden, la urbanidad seguirá deteriorándose. La alcaldía necesita líderes que comprendan su verdadero rol y que ofrezcan propuestas concretas para mejorar la vida urbana, no proyectos grandilocuentes que solo generan más gasto público y menos soluciones.
