Conectividad sin libertad
Mientras el gobierno boliviano sigue vendiendo “integración” como un logro político, desde fuera la realidad es otra: Bolivia avanza en Mercosur no por liderazgo estatal, sino por presión y agenda de organismos internacionales.
En el programa ON – Otra noche con Sissi, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Ilan Goldfajn, fue claro: el BID no es un espectador, es un actor central que empuja, financia y ejecuta la adhesión de Bolivia al Mercosur. El acuerdo, dijo, se firmará pronto y ya cuenta con el visto bueno europeo. Es decir, el camino está trazado… desde afuera.
Goldfajn habló de “conectividad”: carreteras, energía, digitalización y aduanas. Suena bien, pero la pregunta incómoda es quién define las reglas y quién paga el costo. Porque sin reformas profundas, sin apertura real de mercados y sin seguridad jurídica, la conectividad solo sirve para mover más rápido la ineficiencia estatal.
El mensaje del BID es directo: si el BID crece, Bolivia crece. Pero esa lógica deja en evidencia el problema estructural del país: dependemos de crédito externo y de integración dirigida por burócratas, no de inversión privada ni de libertad económica.
Mercosur puede ser una oportunidad, sí. Pero no bajo el viejo modelo estatista, donde el Estado controla, endeuda y decide, mientras el sector productivo sigue asfixiado.
Sin liberalización, sin reglas claras y sin menos Estado, la “conexión sur” será solo otra autopista hacia más dependencia.