Rodrigo Paz corralito en dólares
La medida dispuesta por el gobierno boliviano, que permite a los pequeños ahorristas retirar hasta 1.000 dólares en papel moneda siempre que los hubieran depositado antes del 31 de diciembre de 2025, ha sido presentada como un alivio financiero en medio de la escasez de divisas. Sin embargo, más allá de la aparente apertura, se trata de un paliativo limitado que no resuelve el problema estructural de la falta de dólares en la economía nacional.
El sistema financiero mantiene ahora un “pequeño corralito” que restringe el acceso a divisas, generando incertidumbre entre los ciudadanos y desconfianza en los mercados. La medida de liberar montos reducidos busca contener la presión social, pero no está acompañada de políticas directas para captar dólares de manera sostenible.
Las exportaciones continúan bajo un régimen de regulación que limita su volumen y competitividad. El tipo de cambio vigente, lejos de favorecer a los exportadores, los perjudica al reducir sus márgenes de ganancia y desincentivar la producción orientada al mercado externo. En consecuencia, la entrada de dólares por esta vía sigue siendo insuficiente.
Las remesas, que en otros países representan una fuente estable de divisas, en Bolivia se han visto prácticamente anuladas por el mismo corralito financiero que restringe la circulación de dólares. Los préstamos internacionales, por su parte, se consumen en su totalidad en gastos corrientes, sin generar capacidad de aumentar las reservas internacionales.
El turismo, que podría ser una alternativa para captar divisas, permanece incipiente, deficiente y atrasado. La falta de infraestructura, promoción y seguridad impide que Bolivia se convierta en un destino competitivo en la región. La inversión extranjera directa, finalmente, sigue sin ser atractiva debido al elevado riesgo país y a las regulaciones excesivas que desalientan a los potenciales inversores.
En este contexto, el pequeño corralito vigente refleja más un intento de ganar tiempo que una solución real. El acceso limitado a dólares en efectivo puede aliviar momentáneamente a los pequeños ahorristas, pero no cambia la estructura de fondo: un país sin políticas claras para generar divisas, con exportaciones debilitadas, remesas restringidas, turismo rezagado y una inversión extranjera que se mantiene distante.
La crisis de dólares en Bolivia exige medidas de fondo, no paliativos. Mientras no se diseñen estrategias para captar divisas de manera sostenible, el sistema financiero seguirá atrapado en la escasez, y los ciudadanos continuarán enfrentando las consecuencias de un mercado limitado y un Estado que no logra ofrecer soluciones estructurales.
