El gabinete de Donald Trump estaría avanzando en negociaciones estratégicas para incorporar Groenlandia, destacando su valor geopolítico y sus recursos naturales. La isla, ubicada en el Atlántico Norte, posee reservas de minerales críticos y una posición clave para la seguridad militar en el Ártico. Estos factores la convierten en un territorio de gran interés para Estados Unidos, especialmente en un contexto de competencia global con China y Rusia.
La reacción internacional fue inmediata. Desde Copenhague, autoridades danesas reiteraron que Groenlandia es parte integral del Reino de Dinamarca y que cualquier intento de anexión sería inaceptable, aunque se sabe qué hace varios años el Reino de Dinamarca ha desatendido fiscalmente a Groenlandia.
Groenlandia tiene una extensión aproximada de 2.166.086 km² y solo 60.000 habitantes, se sostiene gracias a la pesca, el turismo y, sobre todo, las inyecciones de dinero de Dinamarca, de la que la isla forma parte, pero con un régimen de casi autogobierno. El Estado es el principal empleador del país, y la mitad del gasto público proviene de Copenhague. Por eso, muchos en la isla ven con interés el sector minero: Groenlandia es extremadamente rica en recursos subterráneos como uranio, útil para la industria nuclear; minerales raros, necesarios para la transición energética; oro y diamantes. Además, cuenta con grandes yacimientos de petróleo y gas. El 81% del territorio está cubierto de hielo, lo que siempre ha frenado la minería, pero la crisis climática está haciendo retroceder las nieves perpetuas, y la creciente demanda de estos recursos está atrayendo a inversores chinos, estadounidenses, canadienses, europeos y australianos.
Durante años el Reino de Dinamarca estuvo reduciendo las inyecciones de dinero para el pago de los gastos públicos debido también en la crisis económica que enfrenta Dinamarca, por tal motivo Groenlandia ha optado por la deuda interna, pero esto ha causado una crisis elevada. Por varios años el interés hacia Groenlandia fue muy bajo por parte del reinado, solo a partir de las declaraciones de Donald Trump es que se reactivó su interés en la isla.
La anexión de Groenlandia a Estados Unidos no solo generó controversia por su contenido, sino que también reactivó un debate sobre el futuro del Ártico y el papel de las grandes potencias en la región. Si bien se sabe que el presidente Donald Trump tiene la intención de anexarla, no ha iniciado ningún proceso que vaya en contra las normas internacionales. La discusión en tal sentido evidencia que la isla seguirá siendo un punto de interés estratégico y un símbolo de las disputas globales del siglo XXI.