Artículo de opinión de LUis Alejandro Sellis Zeballos
Cuando la ideología suplanta a la realidad
Por Luis Alejandro Sellis
En el debate público actual se ha instalado una narrativa peligrosa y profundamente deshonesta: toda acción destinada a hacer cumplir normas básicas de convivencia es presentada como “represión”, y toda exigencia de responsabilidad es tildada de “miedo”.
Bajo este marco ideológico se intenta censurar, desacreditar o demonizar incluso el concepto mismo de límite, tergiversando el significado real de libertad.
No, no es el miedo lo que dirige estas discusiones.
Es el sentido común el que está siendo atacado.
La manipulación del caso ICE como símbolo ideológico
En Estados Unidos, sectores activistas, artistas, cantantes, actores e influencers han convertido al ICE (Immigration and Customs Enforcement) en un símbolo de lo que llaman “un sistema que gobierna mediante el terror”. No lo hacen desde el análisis serio ni desde la experiencia real, sino desde consignas emocionales cuidadosamente diseñadas para viralizar indignación.
El ICE —guste o no— no es una idea, es una función: la de ejecutar normas migratorias ya existentes. No crea leyes, no inventa reglas, no actúa por capricho ideológico. Opera dentro de un marco jurídico previo. Criticar su existencia sin discutir la ley que la origina es intelectualmente deshonesto.
Pero el problema de fondo no es el ICE.
El problema es la demonización sistemática de cualquier límite.
Influencers del caos: cuando la irresponsabilidad se disfraza de virtud
Desde redes sociales se repite una consigna tan simple como falaz: “vivimos bajo gobiernos del miedo”. Se presentan detenciones como persecuciones, se omiten antecedentes, se iguala al inmigrante honesto con el ilegal reincidente, y se construye un relato donde el incumplimiento de normas siempre es justificado.
Esto no es defensa de la libertad.
Es apología de la irresponsabilidad.
Resulta irónico que quienes más atacan los límites vivan gracias a ellos: contratos, propiedad privada, seguridad jurídica, plataformas reguladas, fuerzas del orden que protegen sus bienes y sus vidas. Reniegan del sistema mientras se benefician de él.
Libertad no es “vale todo”
Uno de los mayores engaños conceptuales de nuestra época es presentar la libertad como ausencia total de reglas. Pero eso no es libertad: es libertinaje, y además un libertinaje caprichoso, infantil e inviable.
La libertad auténtica —la que defendieron las tradiciones liberales clásicas y libertarias— siempre estuvo ligada a:
- responsabilidad individual
- respeto por normas mínimas
- límites claros
- consecuencias reales
Sin eso, no hay orden espontáneo, hay caos.
Y el caos nunca beneficia al individuo libre: beneficia al más violento, al más inescrupuloso o al más organizado para abusar.
Londres y la pérdida del criterio
El caso de Londres no es un invento retórico, es una advertencia cultural. En nombre de derechos mal entendidos se renunció a exigir integración. En nombre de la diversidad se abandonó la identidad común. En nombre de la tolerancia se toleró lo intolerable.
El resultado no fue más libertad, sino fragmentación, desconfianza social y pérdida de cohesión. Cuando el Estado deja de aplicar reglas de manera pareja, cuando la cultura renuncia a sus propios límites, la sociedad se resiente. Esto no es ideología: es causalidad.
Victimismo: el nuevo negocio político
La izquierda cultural ya no debate ideas: vende victimismo. Se apoya en consignas, clichés y premisas emocionales para construir una pseudo moral incoherente, selectiva y profundamente contradictoria. Una moral que exige derechos ilimitados pero rechaza cualquier deber; que reclama libertad absoluta pero niega consecuencias.
No hay lógica real allí.
Solo relato.
Los que nunca perdieron la libertad, la banalizan
Quienes más hablan de “represión” jamás vivieron en Venezuela, Cuba o Corea del Norte. Nunca experimentaron la ausencia real de derechos, la persecución política genuina ni la falta total de Estado de derecho. Por eso romantizan el desorden y banalizan la libertad.
La libertad no es cómoda.
Es exigente.
Conclusión: sentido común o decadencia
El verdadero conflicto no es entre Estado y anti-Estado.
Es entre realidad e ideología.
Defender límites no es estatismo.
Exigir responsabilidad no es autoritarismo.
Recordar que la libertad implica consecuencias no es miedo.
Lo que hoy se presenta como “progreso” es, en muchos casos, una renuncia al criterio, a la coherencia y a la lógica básica de convivencia.
Sin sentido común, no hay libertad que sobreviva.
