Rodrigo Paz préstamo de 3.100 MM $US
La narrativa oficial sostiene que estos recursos permitirán impulsar el crecimiento, generar empleo y mantener la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, detrás de este discurso se esconde una estrategia que responde más a un maquillaje keynesiano que a una verdadera política de desarrollo sostenible.
El mecanismo es conocido: se recurre al multiplicador keynesiano, que plantea que un aumento del gasto público puede generar un efecto expansivo en la economía. En la práctica boliviana, esto se traduce en más préstamos, más circulante y una sensación de dinamismo que, sin embargo, carece de bases sólidas. La inflación parece estar bajo control, pero ello responde más a la contención artificial del consumo y al manejo de expectativas que a una estabilidad genuina.
El problema central es que la generación de economía a través de circulante no crea riqueza real. Los créditos se destinan mayormente a gasto corriente y a proyectos de bajo impacto productivo, sin transformar la estructura económica del país. Se trata de un paliativo que mantiene la ilusión de crecimiento mientras se acumula deuda y se posterga la necesidad de reformas estructurales.
La estrategia de Paz refleja una dependencia peligrosa de los préstamos externos. En lugar de fomentar inversión privada, diversificación productiva y competitividad internacional, se apuesta por un modelo de endeudamiento que solo prolonga la fragilidad económica. El multiplicador keynesiano, aplicado sin un plan de desarrollo integral, se convierte en un espejismo: genera movimiento, pero no riqueza.
En definitiva, la política de créditos como motor de la economía boliviana es más un maquillaje que una solución. Mientras se siga confundiendo circulante con crecimiento, la economía permanecerá atrapada en un ciclo de deuda y gasto improductivo, con una estabilidad aparente que puede desmoronarse ante cualquier shock externo.
