ilustración adaptada del albúm Amor es...publicado en la década de los 70
Sin duda alguna la prensa del establishment plutocrático globalista ha internacionalizado este término. Es evidente que el eco peyorativo del mismo ha llegado también al país de mano de varios ignaros en filología. A manera introductoria debemos explicitar que esta hermenéutica descalificatoria, en absoluto es novedosa. Basta retrotraernos a principios del siglo pasado y mediados del siglo XIX donde el equivalente significante actual para <<ultraderecha>> lo hallábamos en la palabra <<reaccionario>>.

El término ‘reaccionario’ nació al calor de la llamada réaction thermidorienne, período de la Revolución Francesa que inicia el 28 de julio de 1794 con la ejecución de Robespierre. A estos, conocidos como termidorianos, los vencidos jacobinos y las clases populares, comenzaron a llamarlos despectivamente ‘reaccionarios‘, significando que eran traidores a los principios de la revolución de 1789. Con La Restauration de 1814 hasta la revolución de 1830 este terminó acabó por popularizarse en toda Europa para identificar a la Nobleza y al Clero católico.
Esto gracias, y en gran medida, a la Representation of the People Act 1832 or Great Reform Act que introdujo el parlamento inglés para la ampliación participativa en la cámara de los comunes a la población de las nuevas ciudades industriales, con mayor población, en desmedro de rotten boroughs (burgos podridos) con menor población, pero mayor estatus nobiliario. Fue entonces que el término reaccionario fue ampliamente difundido para descalificar al adversario político por tal o cual posición ideológica no alienada, en principio, a los postulados liberales y posteriormente a los marxistas, en la segunda mitad del siglo XIX tras la publicación del Manifiesto del Partido Comunista de 1848.Fue tal la fuerza y carga peyorativa que tuvo la palabra reaccionario que muchos políticos de esa época, hasta bien entrado el siglo XX, temían ser catalogados como reaccionarios. Es más, muchas ocasiones los tales reculaban de su posición inicial. Tras el término de la primera guerra mundial, el fin de las monarquías europeas y la imposición de la democracia liberal, por parte de EE.UU. a los países en Europa, el término continuó siendo usado en mayor medida por los movimientos socialistas/marxistas, pero en esta ocasión, para calificar así a los liberales/burgueses.

No fue sino hasta el ingreso de la década de los 1920 que el término empezó a caer paulatinamente en el desuso. Esto debido al surgimiento del Fascismo italiano. Tras la meridiana expansión de ciertos postulados fascistas que Benito Mussolini detalla en sus libros: La Doctrina del Fascismo (1932) y El fascismo: su doctrina, fundamentos y normas legislativas en el orden sindical corporativo, económico y político (1934) a países como Alemania, Rumania, Inglaterra, Bélgica y España principalmente, el término << Fascismo>> como descalificativo se incrementará entre sus detractores políticos. A esto debe sumarse la incorporación del despectivo término “Nazi” acuñado por el periodista judío Konrad Heiden para referirse a miembros del Partido Nacional Socialista Alemán.

Finalizada la segunda guerra mundial con el advenimiento del mundo bipolar (Capitalismo/Comunismo) era interés de EE.UU. que la Europa occidental no cayera paulatinamente bajo la influencia del bloque soviético del Pacto de Varsovia. De ahí que favoreciera el establecimiento de gobiernos socialdemócratas que fueran proclives a políticas sociales. Ello explica, en gran medida, el desuso de los términos fascista o nazi para descalificar al opositor político que no compartiera postulados de izquierdas. En cambio, surgió el término “imperialista” para identificar a políticos/países/entidades, etc. alineados al bloque capitalista anglosajón. Esa palabra tuvo una gran asiduidad por parte de las izquierdas hasta la caída de la U.R.S.S. en 1991
Con el establecimiento del sistema capitalista liberal como único bloque hegemónico a nivel mundial. La angloesfera dominó por completo todas y cada una de las áreas críticas e importantes del globo, verbigracia la economía, la geopolítica, el comercio internacional, la tecnología, etc. Fue exactamente un decenio después que daría el inicio a su irreversible declinación. Tras la irrupción del 11 de septiembre 2001 y el vuelco total de EE.UU. junto al G-7 y la OTAN en el mundo musulmán se dejó de lado la influencia en el sur global. Esto propició el surgimiento de gobiernos de izquierdas en buena parte de Hispanoamérica bajo la propiciación de Cuba, Venezuela y el Foro São Paulo. Fue en todo el primer decenio que nuevamente se recuperó asiduamente la palabra <<imperialista>> para catalogar al adversario político opuesto, desde la izquierda.

Mientras, en Europa, se iban gestando de la mano dos fenómenos que desencadenarían a la postre la formación de renovadas corrientes políticas de “derechas”, a saber: El extremismo islámico (atentados terroristas) y crisis económicas/recesiones. Entre los más relevantes de ambos podemos indicar el atentado de Atocha (España) del 11 de marzo de 2004, el atentado del 7 de julio de 2005 en Londres, la gran recesión española de 2008 y la crisis de deuda soberana de 2009 en Grecia, esta última inclusive revitalizando al partido ultranacionalista griego Amanecer Dorado. Estos hechos concernientes a los fenómenos acontecidos en Europa precipitaron el crecimiento de partidos de cierta inclinación nacionalista, conservador, con varios matices liberales a los cuales pasaron a ser denominados ultraderecha y/o extrema derecha.
Con la legalización del aborto, despenalización del uso de drogas, matrimonio del mismo sexo, educación sexual en escuelas públicas de abierto favorecimiento a las “nuevas identidades” tuvieron su desencadenante en EE.UU. cuando Barack Hussein Obama II fue electo como su presidente en aquel país. La aparición de la corriente Alt Right en América del Norte responde a esos acontecimientos correlativos. En consecuencia, las élites plutocráticas internacionales, preocupadas por las nacientes tendencias nacionalistas conservadoras en EE.UU. y Europa operaron desde la stream media oficial. Hasta poco antes de 2016 medios como DW, France24, BBC, RFI, TVE, CNN introdujeron el término alineatorio “Extrema Derecha” y/o “Ultraderecha”. La estrategia, tornaba en agrupar a todas esas facciones con una palabra generalizadora. Quien primeramente quiso darle una significación satisfactoria a la élite bursátil internacional fue el periodista norteamericano Christopher Caldwell, columnista del Financial Times, quien en 2016 escribió What the Alt-Right Really Means para el New York Times.

En él marcaba línea al asignar un criterio Identidad/Igualdad al Fascismo, Nacional Socialismo, Nacionalismo, Derecha Alternativa ( Alt-Right ), Supremacismo, Neonazismo, etc. Así, por ejemplo, el nacional socialismo alemán es tan de extrema derecha/ultraderecha como el fascismo italiano tuvo de supremacista racial. Es decir todo un despropósito. Acá es importante mencionar a “Fascism: Comparison and Definition” del autor Stanley G. Payne. Es el mejor análisis empirista de lo que realmente el fascismo es, diferenciándolo de otras corrientes de Derecha. Se determina que no es tradicionalista ni conservadora, proviene de la modernidad. pues requiere de una ruptura antropológica que tiene de común con las izquierdas, ambas son revolucionarias. No obstante, es antimarxista, antiliberal, anticonservadora, antitradicionalista, caudillaje y líder carismático, ejército de partido, totalitarismo y/o autoritario. Distingue con maestría sobre que trata la Derecha Radical, Derecha Nacionalista y Derecha Autoritaria Conservadora, por supuesto no considera siquiera las palabras Ultraderecha/Extrema Derecha en su labor comparativa e individuadora de las Derechas, respecto del Fascismo.

Hasta acá hemos eludido tratar de abordar definir qué se entiende por Derecha, ese tópico lo hemos desarrollado, en algún otro artículo de opinión. Ahora bien, desde el 2016 hasta el presente, inauditamente, inclusive posiciones eminentemente liberales (es decir, revolucionarias, materialistas, modernas/posmodernistas) han pasado a también a ser equiparadas con el significante Ultraderecha/Extrema Derecha. Esto claro está, ha favorecido mucho al discurso de las izquierdas, tanto que han hecho suyo propio esas dos palabras a pesar que las mismas han salido precisamente de la esfera de los negocios de capital, bolsa, financieros, etc.
¿Por qué asumir un nombre posicionado como descalificativo, como propio? A través de la historia, ha sido constante el ejemplo sobre que en determinadas ocasiones y bajo preceptos favorables evidentes, se tenga que tomar partido por esa opción. El movimiento impresionista de la Europa del siglo XIX tuvo su origen en el descalificativo que les colocaron sus detractores y críticos. El término “Sufragista” suffragette en inglés que resaltaba el diminutivo sufijo “-ette,” como indicación de un movimiento minoritario y frívolo terminó convirtiéndose un referente mundial que se expandió a varios países de Europa y América como participación femenina en el mecanismo del sufragio en las nacientes democracias tras el término de la Primera Guerra Mundial. Fuera de ello tenemos a la Sociedad Religiosa de los Amigos más comúnmente denominados “Quakers”, inicialmente perseguidos y ridiculizados por sus peculiares creencias, ellos asumieron como propio esa denominación y acabaron abrazándolo hasta hoy en día. Así también el término Gótico fue inicialmente usado durante el renacimiento como una termino denigratorio para describir el estilo arquitectónico venido después del periodo clásico. Hoy en día es el más preciado legado patrimonial europeo al mundo.
Recientemente hemos tenido ocasión de comprobar la excepción a la regla en la persona de Rafael López Aliaga, actual alcalde de la ciudad de Lima en Perú que tomó para sí la denominación despectiva de sus detractores (Porky) en referencia al simpático cerdito de la Warner Bros. Tuvo tan buena aceptación del público que terminó por ser crucial para ganar la inclinación del voto indeciso. Otro buen motivo para optar por esa vía es la constante y desgastada imagen de posicionar como ULTRADERECHA/EXTREMA DERECHA a un amplio espectro de la Derecha, incluyendo el liberalismo (DemoLiberal) lo que ya resulta patético. Es decir, es un buen motivo de unir a las Derechas, digamos a la Derecha Radical, Derecha Nacionalista y Derecha Autoritaria Conservadora, Paleo-libertarismo (Hanns Hermann Hoppe), etc. Además, el embanderar tal posición tiene como beneficio ser promocionado continuamente por la stream media oficial que no dudará en tratar de descalificarlo como Ultraderechista o de Extrema Derecha.

A manera conclusiva, estamos convencidos que, conforme se puede ir observando, formar una familia tradicional, profesar una fe, trabajar, aspirar a la vivienda, vehículo propio será considerado de Ultraderecha/Extrema Derecha. Es decir el éxito de nuevos adeptos está asegurada. Por lo demás, indicar que una clara lectura de la realidad nacional pasa por estar en coordinación con los sucesos y esa la gran diferencia de quienes sostenemos que una verdadera y legítima Derecha en Bolivia es viable y necesaria.
