La aprobación del Decreto Supremo 5516, que abroga formalmente el DS 5503 pero mantiene la eliminación de la subvención a los combustibles y las principales medidas económicas, no es un retroceso ni una claudicación. Tampoco es el “triunfo histórico” de la COB que algunos vitorean. Es, ante todo, una reconfiguración política del conflicto, en la que el Gobierno logra preservar el núcleo de la reforma y desplaza el costo político hacia quienes se oponen a cualquier cambio.
Quienes gritan “traición” confunden forma con contenido. El DS 5503 fue abrogado, sí, pero el eje central de la política económica permanece intacto: la subvención a los carburantes se elimina. En términos reales, el Gobierno no retrocede; se reposiciona. Cambia el instrumento, no el objetivo. Y en política, sostener el objetivo en medio de una crisis es lo que define la voluntad de gobernar.
Del otro lado, quienes celebran un supuesto triunfo de la COB omiten un dato central: la demanda histórica de mantener la subvención no fue restituida. El DS 5516 deja a la COB en una posición incómoda, expuesta ante la opinión pública como un actor que bloquea reformas necesarias, pero sin haber logrado revertirlas. No hay victoria cuando el resultado contradice la consigna.
La jugada del Gobierno es más sutil de lo que admiten ambos extremos. Al acordar y al mismo tiempo mantener la eliminación de la subvención, el Ejecutivo rompe la lógica binaria del conflicto, desactiva el bloqueo como herramienta eficaz y coloca a la COB frente a una disyuntiva interna: acompañar un proceso inevitable o radicalizarse y asumir el costo político. Esa tensión introduce una división en sus filas, debilitando su capacidad de veto futuro.
El mensaje es claro: la política económica no será rehén de la presión corporativa, pero tampoco se impondrá desde el aislamiento tecnocrático. El Gobierno no gobierna contra la COB, pero tampoco gobierna con ella. La expone. Y al hacerlo, redefine quién aparece como el obstáculo de toda reforma.
En tiempos de crisis no se necesita estridencia ni épica vacía. Se necesita decisión, voluntad y coraje. El DS 5516 no cancela la reforma: la consolida en condiciones políticas más favorables. La historia no recordará qué decreto cayó, sino qué política se sostuvo y quiénes quedaron del lado del inmovilismo.