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por Enrique Frank
Cierta vez leí que:” lnteligente es quién sólo cree la mitad de lo que oye. Brillante es aquél que sabe qué mitad creer”.
La verdad es que mi memoria no registró el nombre del inteligente pensador acertado; pero si recuerda a Jean D’Alebert, filósofo francés, quien tuvo el tino preciso para escribir que: “La guerra es el arte de destruir hombres. La política es el arte de engañarlos”. Paralelamente mi mente evoca una ingeniosa publicidad cuyo mensaje comercialmente humano destaca entre efectivas sugerencias: “Si un cambio de lentes mejora tu vista. Un cambio de pensamiento mejora tu vida”.
Además y también rememoro otro dúctil consejo:” Necesitamos de muy poquito para ser felices. Pero, necesitamos de mucha experiencia para comprenderlo. Y finalmente una máxima escrita con mínimas frases:”Tenemos dos orejas, una sóla boca. Mejor escuchar que hablar.
Si asumimos que lo único permanente en la vida es el cambio, entendemos que vivimos en un mundo que de tan inquieto parece desenfrenado. La sociedad se nutre de metamorfosis donde la comunicación social y las redes, igualmente sociales pero más expansivas, la mentira se magnífica como la banalidad. Esa mentira que se enquistó y esta banalidad que compite por sobresalir.
Las próximas elecciones sub nacionales con un récord histórico: 34.618 candidatos, para muchos ilustres desconocidos, para otros, postulantes de circo o futuros prontuariados.. El M.A.S. también nos legó el jolgorio y el saqueo como connotación e invitación. Ahora todos quieren y podrían ser autoridades; y, en el revoltijo de aspirantes, las propuestas sustentadas en proyectos de desarrollo están ausentes o relegadas por la aventura, con improvisación, desconocimiento, incapacidad y demagógico oportunismo.
En medio de la oquedad programática, dos visiones extrapoladas motivaron la presente escritura, dos personas disímiles en todo, menos en su vanidosa hipocresía. Cada uno a su estilo, con una alta dosis de egocéntrico criterio y creyéndose dueño de la verdad, todo por la ropa que llevan.
Una acartonada y jactanciosa señorita cruceña y un desaliñado y bravucón ex presidente. Mayté Flores candidata a primera concejal y Evo Morales se refirieron una al otro, y el otro a la una. La modelo y empresaria afirmó que:”Evo es sucio, cochino y (h)ediondo”. El periódico La Voz de Cochabamba hizo gala de su ortografía y no definió correctamente la antihigiénica palabra con.la h de horror.
El acorralado ex mandatario le respondió que a ella le falta humildad, que a él le enorgullece llevar la ropa del pueblo, que de niño su madre ponía remiendos a sus pocas ropas.
Este debate abierto, gratuito y mediocre refleja lo que lamentablemente se genera y se masifica por Medios que buscan este tipo de noticias anodinas y simplonas.
“Lo único absoluto en la vida es lo relativo”. Mayté argumentó que no era farsante, que puede estrenar vestuario cada día, Evo que puede vestir la misma ropa. Me preguntó:¿ Quién es más sincero y quién más mentiroso? Evo cambió su chompita a rayas por trajes de fina tela de alpaca de exportación, tenía el avión que deseaba, los helicópteros exclusivamente para llevarlo por algunos minutos de su residencia a su oficina. Bebió whisky etiquetas azul y platino en veladas con Los Kjarkas. Tenía un harem de ñustitas vírgenes, hasta que dejaban de serlo por obra y desgracia de su ilegal autoría.
Es muy cierto que el peligro no viene del que muerde, sino del que lame, y a Morales sin morales le estimularon a tener su propio museo para alimentar su narciso corazón, se convirtió en Ego para que incluso le amarren los cordones de sus importados zapatos. Ahora de regreso a su trinchera en el Chapare se camufla en sus orígenes para mostrar una imagen contrapuesta.
Mayté está embadurnada de soberbia, Evo de mitomanía; alguna vez escuchamos que:”El hábito no hace al monje”, quizá lo distinga por fuera, y es que el puente más difícil de cruzar, es el puente que separa las palabras de los hechos.